Alessandro GhisalbertiNovelas · relatos · márgenes Inicio

Márgenes · Encuentros

Encuentros

Dibujos en escala de grises y palabras que marcan los momentos que cambian la vida. Cuando nuestro camino entra en un surco abierto por otros.

Don Sergio sentado a una mesa
El poema de don Sergio Adelasio (en italiano)

Don Sergio, «un cedro inmenso lleno de vida»

¿Sabes cuando durante años sigues viendo el rostro de una persona colgado en una pared, sin haberla conocido nunca de verdad, y en cierto momento te parece casi conocerla?

Pues a mí me pasa con don Sergio.

Un cuadro sencillo. Silencioso. Siempre presente.

Nunca lo conocí de verdad. Y sin embargo, entre todas las figuras que he encontrado de forma indirecta en estos años, quizá sea la que siento más cercana.

Quienes lo conocieron hablan de un hombre que atravesaba comunidades, encuentros y fragilidades humanas llevando impulso, confianza y movimiento.

Uno de esos que no necesitaban ocupar el centro para dejar una huella profunda. Parecía pertenecer más a las calles, a los encuentros y a las relaciones humanas que a los despachos.

Hace un tiempo encontré un pequeño libro suyo de poemas. Al leerlo, tuve la sensación de encontrarlo, quizá por primera vez, de verdad.

En esas palabras reencontré algo que yo también sigo buscando en los márgenes, en las personas y en las historias suspendidas.

Hay un poema que se me quedó dentro más que los otros. Habla del amor y del Espíritu como de un gran árbol lleno de vida, hecho de infinitas hojas y ramas.

Quizá algunas personas hacen justamente eso en la vida: crean raíces invisibles, mantienen unidas a las personas sin ruido, dejan sombra y aliento incluso muchos años después de haber pasado.

Por eso lo traigo aquí. Como un pequeño gesto de gratitud hacia un hombre al que no conocí de verdad, pero que todavía hoy, de algún modo, sigue hablando a través de lo que dejó.

El peregrino con su bastón
El caminante a lo largo de la carretera

El peregrino

Lo llaman peregrino, caminante, andariego. Pero quizá las palabras no bastan para contar a una persona así.

Cuando llega con su bastón gastado, las rastas movidas por el viento y esa mochila que parece contener todo lo que necesita para vivir, siempre tengo la sensación de que en algún lugar el tiempo se ralentiza.

Camina. Solo camina.

Atraviesa montañas, pueblos pequeños y carreteras secundarias de las provincias de Bérgamo y Brescia y de toda Lombardía como si el mundo todavía estuviera hecho de distancias verdaderas, de pasos y de estaciones.

Duerme donde puede. Donde alguien abre una puerta, ofrece un rincón tranquilo, un techo, un prado. A veces pide algo de comer. Y casi siempre encuentra a alguien dispuesto a compartir un trozo de pan, una sopa, una palabra.

Una vez al año llega también a mi casa.

Lo que de verdad me impresiona es su relación con el tiempo. Para ir de aquí a un lugar al que nosotros llegaríamos en dos horas en auto, él tarda quizá dos días.

Y esos dos días no son un retraso. Son el viaje.

Cuando habla de sus desplazamientos, de las personas que encontró por el camino, de los senderos, de la lluvia, de dormir al raso o en una granja, tengo la sensación de escuchar algo que pertenece a otra época.

Como si llevara dentro un modo de vivir el mundo que se parece más al de hace dos siglos que al de hoy.

Nosotros atravesamos los lugares. Él los habita.

No posee casi nada. Y sin embargo lleva consigo historias, encuentros, silencios y caminos que muchos de nosotros hemos olvidado.

Quizá sea eso lo que lo hace especial: nos recuerda, simplemente caminando, que todavía existe un tiempo humano.

← Volver a Márgenes

Escríbeme

Déjame un pensamiento

Una línea, un recuerdo, una historia que te vino a la mente mientras leías.
Puedes dejarme aquí un fragmento: lo leeré con calma.

Puedes escribirme en español · WhatsApp +39 339 203 1903 · ghisalbertialessandro@gmail.com

Dónde leerme, escucharme y seguirme

Presentaciones, pódcast y reels, sobre todo en italiano: no te cuento lo que escribo, te lo muestro y te lo hago escuchar.